Beatriz Castela realiza lenta y ascéticamente cada uno de sus trabajos, experimenta con ellos hasta encontrar su lugar dentro del universo que recrea para el espectador, un universo donde no existen referentes formales definidos y que el espectador, pieza clave, ha de contribuir a capturar.

 

En este universo austero los cuadros no están rellenos de cosas. Castela, contraria al simbolismo, no pinta objeto alguno. Sencillamente invita a la mirada del observador a detenerse sobre sí misma, devolviéndola sin apropiarse de ella. Lo que realmente propone esta artista es que el espectador ponga un pie dentro de lo que contempla, para invitarle después a pasear mas allá  de la superficie, donde dominan la supresión del cromatismo y las formas.

 

Descontextualizadas de todo elemento figurativo, las texturas actúan en estas piezas como núcleos de invisibilidad. Muchas de ellas parten de sugerencias orgánicas, como la tierra o la corteza de los árboles, sin embargo, los imaginarios espacios que intuimos no existen en el mundo real; son territorios sin límite, conformados tras un periodo de investigación, hasta encontrar lo que la artista llama otro lenguaje para la realidad. Tampoco el color es un elemento esencial: no es necesario en la percepción, por lo que prescinde de él, para no aportar pistas al observador, ya que lo interesante de este proyecto es el libre pensamiento, huyendo de la imposición.

 

Beatriz propone además un desafío escénico y argumental determinante en esta exposición. Las obras requieren para ella una puesta en escena que incluya la integración de todo el espacio que las rodea y no solo de la pared donde se cuelgan. Bajo los cuadros sitúa dispositivos lumínicos que intensifican los contrastes y el relieve de las piezas; estas pasan a ser lugares suspendidos en los que la luz cobra un protagonismo absoluto. Se trata precisamente de proteger la luz y crear así un espacio de transición.

 

La sala parece oscura al principio y resplandeciente cuando dejamos que el tiempo pase sin perder la calma. Todos quedamos fascinados cuando miramos al cielo en esas noches diáfanas y estrelladas, gracias a la penumbra del firmamento solo luce lo que importa; como en estas piezas, en las que todo parece estar al alcance de la mano y lejano sin la imaginación.

 

La luz ejerce una seducción permanente sobre nuestra mirada en las obras de Beatriz Castela, unida a la materia nos permite alumbrar lo invisible. Como Turrell indicó: hay que concebir el arte como “parte de la experiencia que podemos suponer al espectador”. La tarea del artista es solo adentrarle en nuevos territorios.

 

 

 

José Luis Pajares. Artista Visual

Catálogo de la exposición “Luz, materia y percepción”, 2007

Beatriz Castela performs slowly and ascetically each of her works, experiments with them to find their place in the universe that she recreates for the viewer, a universe where there are no defined formal references that the observer, a key element, should contribute to capture.

 

In this austere universe the pictures are not full of things. Castela, contrary to symbolism, does not paint any object at all. She simply invites the viewer's gaze to stop on itself, returning it without owning it. What this artist is really proposing to the viewer is to set foot in what they are contemplating, to invite them to have a walk beyond the surface where the removal of chromaticism and shapes dominate.

 

Decontextualized from all figurative element, textures act in these pieces as nucleus of invisibility. Many of these are based on organic suggestions, like ground or bark from trees, however, the imaginary spaces we sense do not exist in the real world; they are territories without limit, formed after a period of research to find what the artist calls another language to reality. Neither color is an essential element: it is not necessary on the perception, so she ignores it to not provide clues to the observer because the interesting thing about this project is free thinking, avoiding imposition.

 

Beatriz also proposes a decisive scenic and argumental challenge in this exhibition. The pieces requires her a staging that includes the integration of all the space surrounding and not just the wall where they are hanging on. Below the pictures, she places lighting devices that enhance the contrast and relief of the pieces; and then these become places suspended where the light takes an absolute role. This is precisely to protect the light and create a transitional space.

 

The room seems dark at first and resplendent when we let time pass calmly. We were all fascinated at the sky in those limpid and starry nights, thanks to the darkness of the sky only shines what matters; such as in these pieces, where everything appear to be within reach and far without imagination.

 

Light exerts a permanent seduction over our eyes on the works of Beatriz Castela, that together with the matter allows us to see the invisible. As Turrell said: art has to be conceived as part of the experience we can assume to the audience. The task of the artist is only venture them into new territories.

 

 

 

José Luis Pajares. Visual artist

“Light, matter and perception” Catalogue, 2007

Light, matter & perception, 2007.

Space of Experimental Art EAE, Salamanca (Spain).

Solo exhibition